Aprender a Pensar

Repensar la Educación

José Antonio Marina

Fundación SM

El optimismo educativo

Puedo dividir a todos los docentes que conozco –y son muchos- en dos grupos: los optimistas y los pesimistas. Los optimistas sensatos perciben las dificultades de la situación, pero creen que las cosas pueden mejorar y que ellos pueden intervenir en esa mejora. Los pesimistas piensan que la situación no tiene remedio. La relación entre ambos grupos es complicada, como puede verse en cualquier claustro. Los pesimistas consideran cualquier iniciativa de los optimistas como una ingenuidad o una acusación, y se defienden intensificando su pesimismo. Los optimistas consideran a los pesimistas como irrecuperables, y se deciden a hacer la guerra por su cuenta, para evitar ser abducidos por ellos.

Este fin de semana he asistido a dos actos de docentes optimistas. Uno, el viernes, en Pamplona. Era el acto final de los cursos de TRIBUCAN, una experiencia educativa que dirijo, financiada por Caja Navarra, para introducir en los centros de primaria –y algunos de secundaria- un programa para fomentar la iniciativa personal y el emprendimiento. Es decir, una de las ocho competencias básicas indicadas por la UE, que me parece interesante y difícil.

El segundo acto de optimismo educativo sucedió el sábado en Granada. La asociación APFRATO me invitó a participar en su II Encuentro Nacional. APFRATO es una agrupación de docentes entusiastas, impulsada por María del Mar Romera y con la figura de Francesco Tonucci como referencia. De ahí el nombre: Asociación Pedagógica Francesco Tonucci. No sé si conocéis la obra pedagógica de Tonucci, ilustrada con sus fantásticas viñetas. Si no lo conocéis, decídmelo y os haré una presentación a gran orquesta del personaje. Se reunieron durante tres días 250 docentes y padres de todas las comunidades, cada uno de los cuales se había pagado el viaje y la estancia. ¡Qué más se puede pedir! Intervinimos en los actos Tonucci, Miguel Ángel Santos Guerra, Amparo Tomé, Antoni Zabala, Daniel Bernard, José María Toro y yo. Y muchos niños y niñas encargados de presentar a los conferenciantes y hacerles preguntas. Se respiraba algo que estamos olvidando hasta el punto de que puede resultar cursi decirlo: el amor de los docentes por sus alumnos. Se trataron temas importantes, pero de manera cordial y divertida. ¡Qué delicia, hablar de educación en un entorno alegre! Los reunidos allí no venían de otro planeta. Son nuestra gente. Somos nosotros mismos… pero con esperanza. Os recomiendo que prestéis atención a APFRATO. El optimismo debería venderse en farmacias, porque es el mejor estimulante que tenemos.

MIRANDO CON MICROSCOPIO Y CATALEJO

La adolescencia vista por neurólogos

En aeropuertos y aviones he leído un estupendo libro de la neuróloga Linda Spear, titulado The Beahavioral Neuroscience of Adolescence. ¿Qué nos tiene que decir la neurociencia sobre la conducta del adolescente? Pues muchas cosas, y todas interesantes para los docentes. El cerebro adolescente sufre un sorprendente cambio. Pierde conexiones sinápticas, pero cambia las que quedan con mayor rapidez, y adquiere mayor eficiencia en su funcionamiento. Los axones se mielinizan, la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos aumenta, y todo esto depende de la experiencia que está teniendo el adolescente en ese momento. Por ello, consideran que es la segunda gran etapa educativa. Durante esos años aumenta la plasticidad del cerebro y pueden recuperarse o cambiarse o mejorarse  funciones que hayan podido desarrollarse de forma poco adecuada. Una vez más, la neurología demuestra que es una ciencia optimista. Su conclusión, de especial importancia para los docentes, es que la adolescencia provides a time of particular sensitivity to education and the social environment (“supone una época de sensibilidad especial hacia la educación y el entorno social”) .



escrito el 7 de Junio de 2011 por en General


11 Comentarios en El optimismo educativo

  1. anail | 07-06-2011 a las 12:59 | Denunciar Comentario
    1

    Lo cual significa que debería ser obligatorio para dedicarse a la profesión de docente/educador ser optimista y deberían abstenerse los que no lo son. Bastante complicada es la profesión como para no creer en lo que se hace y las consecuencias son pésimas. El proceso de selección debería tener esto en cuenta. Tiene que ser vocacional y la vocación lleva asociada el optimismo que tanto se necesita para desempeñarla adecuadamente. Debemos disociar – de una vez – el sifnificado que se le da al optimismo como sinónimo de ingenuidad y falto de profundidad sobre las grandes cuestiones de la vida etc. El optimismo tambien incluye pesimismo, sin duda, pero finalmente lo que lo diferencia del pesimismo es que la balanza, por así decir, se inclina hacia la actividad, hacia la acción esperanzadora y esto en educación es fundamental.
    Es una maravilla lo que la neurociencia va descubriendo. Saber que la adolescencia supone una nueva etapa educativa, una segunda oportunidad para mejorar lo que haya podido desarrollarse de forma inadecuada es una buenísima noticia. Muchas gracias por tu valiosa informacion.

  2. Flor Fernández del Viso Torre | 08-06-2011 a las 11:58 | Denunciar Comentario
    2

    Nuestros adolescentes y sus profesores carecen de motivación. Estudiamos a los grandes psicologos que han propuesto teorías sobre motivación como son Maslow, Stacey Adams o Herzberg, entre otros, pero no aplicamos sus conocimientos, ni en la enseñanza, ni en la familia y eso que estas teorías ya son del siglo pasado…
    Adolescencia, educación y optimismo, interesante conjugación que necesita de un buen aporte de motivación; motivación a los profesores con una recompensa adecuada al esfuerzo realizado, para que puedan seguir manteniendo su optimismo y motivación a los adolescentes, permitiéndoles que a medida que ven cubiertas sus necesidades se sientan motivados a esforzarse a por el siguiente nivel.
    Nos queda el reto de la motivación.

  3. jose antonio marina | 08-06-2011 a las 20:21 | Denunciar Comentario
    3

    Respuesta a anail (posst 1). Creo que la educación se basa en la confianza en que el futuro -el de nuestros alumnos- puede ser mejor, y que nosotros podemos ayudsar a que eso suceda. EL pesimismo oscurece nuestra acción, nos quita energía, y nos lleva al desánimo. Por eso es tan importante que seamos conscientes de que loque hacemos es importante y, además, es EFICAZ.

  4. jose antonio marina | 08-06-2011 a las 20:24 | Denunciar Comentario
    4

    REspuesta a Flor (posst 2) En efecto, la motivación, que es la energía que nos lleva y nos direge, es el gran tema no de la educación sino de nuestra vida entera. ¿Qué hacemos con nuestros deseos o con nuestra falta de deseos? ¿Cómo podemos podemos haer lo que no deseamos, pero nos paree bueno o conveniente?¿Cómo pasar de los valores sentidos emocionalmente de la motivación, a los valores pensados de la voluntad? ¿Por qué hemos olvidado que el cumplimiento deld ebre tambien es una motivaciön?

  5. anail | 10-06-2011 a las 12:57 | Denunciar Comentario
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    Muchas gracias, por contestar. Si la motivación según he leído recientemente, en distintos libros, “Educación para el talento”, J.A. Marina, “Cerebro y Aprendizaje”, Eric Jansen, es una característica de la inteligencia que proviene de dentro de nosotros, es automotivación, si es así, lo que habría o hay que hacer, sería o es, intentar conseguir que los niños encuentren su vocación, conocerlos, averiguar sus cualidades… Junto con la idea de la importancia del esfuerzo para conseguir metas, aprender a reforzar la voluntad, con el significado actual, como algo que se puede aprender, pues la vocación sin esfuerzo de poco o nada sirve… Tarea difícil, sin duda, por eso es crucial la vocación/optismismo en el docente para no perder el ánimo que se necesita, crer en lo que se hace, sirve de automotivación, para enfrentarse a la tarea. Tenemos que aprender a automotivarnos y saber enseñar a otros como hacerlo, en educación y en la vida entera, -como bien dices a Flor- y partir de ahí las preguntas: “como hacer lo que no deseamos aunque nos parezca bueno o conveniente” etc. Tendrán mejor respuesta. Es mi manera de verlo. Perdón por extenderme demasiado. Gracias.

  6. S.A.P | 11-06-2011 a las 18:38 | Denunciar Comentario
    6

    Estoy totalmente de acuerdo con lo que decis, la automotivación es importante, pero cuando se trabaja con alumnas y alumnos muy pequeñas y pequeños se hace necesario motivarles primero, desarrollar su autoestima y su autoconcepto, y a partir de ahí ir dejándolos soltarse y valorar su implicación y afán por hacer las cosas de manera cada vez más autónoma.
    Si esto se trabaja desde temprana edad, con el paso del tiempo los niños y niñas pueden llegar a automotivarse por sí mismos y lo que es más importante ser capaces de plantarle cara a las adversidades, en definitiva ser más optimistas.
    El problema es que en ocasiones los docentes, a pesar de saber de esta importancia nos vemos perdidos y no sabemos como abordar esta tarea (hablo por mí, porque estoy empezando). Sin embargo coincido plenamente con todos vosotros en la importancia de la motivación y el optimismo como motor que mueve cualquier proceso educativo, pues si damos una causa por perdida antes de comenzar a abordarla, estamos abocados al fracaso ya que nuestras acciones irán de la mano de nuestros pensamientos.
    Finalmente, me gustaría concluir señalando que para enseñar a automotivarse hay que saber aplicarse el cuento a uno mismo, y en esto como en muchos aspectos que atañen a la inteligencia emocional estamos relativamente en pañales y aún nos queda mucho que aprender.

  7. jose antonio marina | 12-06-2011 a las 11:26 | Denunciar Comentario
    7

    Respuesta a anail (post 5) En los temas de motivación hay un cierto desmadre conceptual. Toda motivación surge de dentro del individuo, por eso moviliza sus energías, impulsa a la acción y la orienta.Cuando pretendemos “motivar desde fuera” lo que queremos es que algo que nos interesa a nosotros o que nos parece bueno se integre en los sistemas de deseos y aspiraciones de la otra persona. Nuestros alumnos están siempre motivados…pero para sus cosas. Igual que nosotros.

  8. jose antonio marina | 12-06-2011 a las 11:28 | Denunciar Comentario
    8

    Respuesta a S.A.P. (post 6) Como el tema de la motivación es el que preocupa a más gente (docentes, padres, empresarios, políticos, empresarios,etc) voy a dedicarles el post del martes próximo.

  9. anail | 14-06-2011 a las 15:05 | Denunciar Comentario
    9

    Parece confuso pero lo has vuelto a explicar de maravilla. Muchas gracias.

  10. nikon | 16-06-2011 a las 19:16 | Denunciar Comentario
    10

    Aunque es cierto que se da siempre en los claustros este tipo de actitudes (curiosamente, a final de curso los pesimistas son capaces de contagiar al resto del profesorado, tal vez por el cansancio y el estrés acumulado), quizá haya que considerar, no tanto en dividir en función del entusiasmo, sino de la implicación en los problemas y del afán de mejoras en conjunto. Es decir, uno puede ser pesimista ante la idea de otro compañero por muchas razones: bien porque ya ha probado esta propuesta y la experiencia le ha indicado que no iba por el buen camino, bien porque se siente incapacitado para realizarla (hay muchos complejos y fobias en ese sentido y vale la pena saber animar y ayudar a quien se siente desbordado) o bien porque, sencillamente, no quiere implicarse en el tema. Yo creo que este último aspecto es el que hay que combatir en las escuelas, pues todo el profesorado debe asumir su propia responsabilidad en su actividad diaria (que es de tipo social y, por tanto, ha de estar sometida a acuerdos previos) y no delegar en los demás, que es lo fácil. Dicho esto, opino que es bueno tener en cuenta el punto de vista del conjunto (sea de tipo pesimista u optimista), pues ambos se complementan. Y es que el optimismo por sí mismo también tiene sus riesgos: son muchos los que empiezan con fogosidad el curso esperando que las cosas vayan como uno se las ha planteado y se echan para atrás ante el primer obstáculo, otros se encuentran tan empeñados en que lo que hacen está bien que no se fijan en que la realidad les anuncia lo contrario, otros no escuchan al resto porque opinan que ellos llevan toda la razón, etc. Ante cualquier proyecto hace falta valorar tanto los puntos a favor como los puntos en contra y decidir si vale la pena llevarlo a cabo. Si todos están implicados en solucionar las cosas y en renovarse cada día, la decisión sobre los asuntos será, si bien no siempre acertada, al menos (y no es objetivo menor) consensuada.

  11. carmen | 27-06-2011 a las 15:49 | Denunciar Comentario
    11

    Sr. Marina,
    me ha dado mucha alegría ver en su blog el comentario sobre el Encuentro de la Asociación Francesco Tonucci en Granada. Yo fui una de las asistentes y puedo decirle que el encuentro fue una inyección de optimismo y esperanza para con nuestra profesión docente. Todas y cada una de las ponencias que escuchamos en ese encuentro fue de una calidad magnífica, llena de contenido real, científico y útil en nuestro quehacer diario.
    Mi opinión es que el profesorado, por lo menos el de secundaria, llega al aula sin conocimientos científicos suficientes sobre el material sensible que tiene enfrente. Sabemos mucho de teoría, pero poco de práctica, y menos de emociones y sentimientos y como estas influyen de una manera determinante en el aprendizaje de nuestros alumnos.
    Usted en su ponencia dejó muy claros tres componentes que debe haber siempre en cualquier secuencia de enseñanza-aprendizaje: seguridad, motivación y éxito o progreso. Si el alumno no se siente seguro en su aula, es decir, si no se siente querido dificilmente va a estar cómodo y relajado para aprender. Si no le interesa lo que le dicen, porque no se le contextualiza el contenido o este está muy lejos de su zona de desarrollo próximo , dificilmente conectará con lo que le comunican, y si finalmente no ve progreso, es decir no obtiene logros, dificilmente querrá continuar intentándolo.
    Todo esto muchos profesores lo hacemos intuitivamente, pero es nuestro deber como funcionarios público, tener estos factores , que están demostrados científicamente, en cuenta en nuestras programaciones de aula. Debemos intentar ser los mejores profesionales, y no por haber aprobado una oposición ya lo sabemos todo… la vida es un continuo proceso de aprendizaje y eso es lo que tenemos también que transmitir a nuestros alumnos/as.

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